Alfarería Agustín

El actual taller de Agustín Vázquez lleva abierto al público desde 1990, en Niñodaguia, en el municipio ourensano de Xunqueira de Espadañedo. Al borde de la carretera que comunica Ourense con Castro Caldelas, se puede visitar el taller de este artesano en el que hay también un espacio de exposición y de venta de las piezas de alfarería que elabora.

Agustín Vázquez dedica buen parte de su tiempo a la elaboración de la alfarería tradicional de Niñodaguia, aunque también elabora piezas en gres y otras piezas de alfarería no tradicional. "Los encargos de piezas tradicionales no son los más habituales", señala el artesano, "Ahora no se necesita reponer piezas como ocurría antes que se empleaban a diario y rompían con el uso. Ahora sólo se usan para tener de adorno siendo necesario tener a la venta también otro tipo de piezas".

El proceso de elaboración de la alfarería tradicional, igual que ocurre con todos los procesos tradicionales, es muy laborioso y requiere de muchas horas de trabajo. Las piezas se elaboran a partir del barro que encontramos en la propia zona y comenzamos la modelarlas en el torno. Mientras se trabaja en el torno, se pueden adornar las vasijas con unas rayas gracias a una herramienta que se llama "canivete", y que se puede sustituir por una espátula o por un trozo de hierro o de madera.

Una vez que la pieza está modelada en el torno se la deja secar, se le pasa una esponja para quitarle todos los poros que tenga por el exterior y se le da una primera cocción a 950º C. La segunda cocción se realiza después de esmaltar la pieza y se hará a una temperatura algo más elevada, entre los 970 y los 980º C. "Le subo un poco la temperatura para que la pieza coja mejor el esmalte y quede más bonita, sobre todo ahora que el esmalte no tiene plomo, está más pulido y no derrite tan bien", explica Agustín Vázquez.

El esmaltado es un proceso que sólo llevan las vasijas destinadas a la cocina o la alimentación, mientras que las puramente decorativas no llevan ese esmalte. "Como yo estoy recuperando la alfarería tradicional de esta zona, preparo el esmalte como me aprendió mi tío que es con cuarzo y "minio", además de un porcentaje de sílice del 50% más o menos", señala el alfarero, "Después en la cocción lo único que cambia es que se realice con gas y no con leña, como se hacía antiguamente".

El barro

"El barro de Niñodaguia es un barro único, al comienzo es medio oscuro, medio gris, después al cocerse queda más blanco y después resulta ese color amarillo tan característica de estas piezas que viene dada por las características del propio barro", comenta Agustín Vázquez, quien añade que los vecinos de Niñodaguia son propietarios del monte en el que se encuentra la veta del barro que emplean los alfareros.

 

El artesano explica que hoy en día se compra mucho barro preparado, que le facilita la elaboración de muchas de las piezas de cerámica que elabora, aunque para ciertas piezas y especialmente para trabajar la alfarería tradicional confiesa que es preciso seguir yendo al monte para escoger el barro. "Si tratas bien el barro, la satisfacción se ve después en el acabado. Al sacarlo del horno es donde realmente se ve el trabajo que te dio escogerlo y prepararlo bien. Se trata de un barro muy elástico y con muy poca arena, que se deja trabajar muy bien, y que hay que mimar mucho", indica Agustín Vázquez.

Él mismo explica que otra de las peculiaridades de la alfarería tradicional de Niñodaguia es el modo específico que tienen los artesanos de colocar las asas. "La alfarería tradicional de cada sitio tiene un modo característico de ponerle las asas a las piezas. Esta manera de colocar las asas que tenemos nosotros, como se las habíamos fundido en la propia pieza es una especie de marca que tenemos los alfareros de Niñodaguia".

Agustín Vázquez entra en contacto con la alfarería tradicional de Niñodaguia desde muy niño, con su padre y especialmente con su tío, con quien pasaba las tardes después de salir de la escuela y el tiempo libre en las vacaciones. "A los 11 años recuerdo que le pedí a mi tío que me dejarse ayudarlo a hacer cacharros para vender en la feria de Baños de Molgas. De aquella hicieron una caja de 8.000 pesetas y a mí me pagaron 600. Cuando terminé la escuela y no quise seguir estudiando ya le dije mi padre que quería aprender "á roda", explica el artesano.

Hasta los 17 años aprende en el taller de su tío, después marcha un tiempo a Suiza trabajando en la construcción y, cuando regresa en el año 73 con la idea de instalarse por su cuenta, se ve obligado a cumplir con el servicio militar. Fueron su padre y su tío los que quedaron a cargo del taller hasta que Agustín volvió y formaron un grupo de trabajo que llegó a contar hasta con 8 artesanos. "Cuando hicieron el trazado de la carretera nueva nos coincidió pasando por delante de la casa durante dos años y comenzamos a vender mucho porque paraba mucha gente a comprar", comenta, "Entonces me di de cuenta de que ahí había un negocio que no estábamos aprovechando".

Es en ese momento cuando Agustín decide trasladar su lugar de trabajo al local que tiene en la actualidad, al borde de la carretera, y en el que combina el taller, con un espacio de exposición y de venta de sus piezas y con un almacén. "Fue como comenzar de cero porque en el otro lo teníamos ya todo instalado, aunque estaba muy mal acondicionado porque era un pajar con horno de leña porque mi padre y mi tío nunca accedieron a cocer con gas", explica el artesano, "pero tenía mucha gana de tener la tienda, el taller y el almacén todo junto sobre todo para tener un contacto directo con la gente, además de para poder obtener un rendimiento de la artesanía sin intermediarios".

Recuperación de la alfarería

La labor de recuperación de la artesanía tradicional de Niñodaguia que está haciendo desde hace años el artesano Agustín Vázquez fue reconocida por la Diputación de A Coruña que decidió otorgarle la séptima edición del Premio de Artesanía Antonio Fraguas 2008, en su modalidad de artesanía tradicional, gracias a una obra denominada "ola de graxa".

 

Se trata de una pieza de cerámica vidriada en forma de jarra de dos asas y con un borde cilíndrico. Su función utilitaria original era la de guardar la grasa de los animales después de hacer la matanza y, al mismo tiempo, servía para almacenar los chorizos en su propia grasa.

Agustín Vázquez considera que el galardón es un homenaje al trabajo de los viejos alfareros artesanales y al mismo tiempo supone el reconocimiento a un oficio del que él mismo es un transmisor. El artesano explica que tardó algún tiempo en darle a la alfarería tradicional la importancia que merece. "Cuando empecé a participar en la feria que se celebra en Oleiros, hablando con el director del museo etnográfico, me di cuenta de que se estaba perdiendo la alfarería de nuestra zona que era tan especial, única en el país con esa color amarillito, y de que teníamos una de las alfarerías más ricas ya que cuenta con muchos tipos diferentes de vasijas", explica el artesano.

Hoy, la alfarería tradicional de Niñodaguia dispone de un espacio específico de exposición y venta en la tienda de Agustín Vázquez, aparece diferenciada con etiquetas y el propio artesano se encarga de explicar las peculiaridades de estas piezas, que motivan también la diferencia en el precio frente a otras piezas de cerámica. "Yo estoy recuperando la alfarería tradicional porque pienso que es una obligación para nosotros, puesto que se trata de nuestras raíces. El sector de la artesanía debería mimar un poco la gente como yo que aprendemos el oficio de nuestros mayores, que aprendemos desde como ir al monte buscar el barro. Nosotros representamos una transmisión de saber que, si no hay relevo, se va a perder con nosotros", explica Agustín Vázquez.

  • Pieza 1

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  • Pieza 2

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  • Pieza 3

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  • Pieza 4

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  • Pieza 5

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  • Pieza 6

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  • Pieza 7

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  • Pieza 8

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  • Pieza 9

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